Después de tres años de casados buscamos nuestro primer hijo, me acuerdo cuando llamamos a nuestros padres para contarles la noticia, estaba de 5 semanas… Cuando vamos al médico al siguiente control, grande fué nuestra tristeza al enterarnos que se había detenido el embarazo, no había crecido y su corazón no latía. Si bien fué duro entendimos que esto es algo normal para la medicina, que puede pasar, y por sobretodo que éramos jóvenes y teníamos todo el tiempo para volver a intentarlo.

A los pocos meses vuelvo a quedar (espero la consulta antes de contarlo) y me encuentran un hematoma, la indicación es reposo absoluto con riesgo de perdida; situación que ocurre a los dos días.
A partir de ahí, luego de dos abortos espontáneos, mi medico me deriva a un especialista en reproducción, no es mi intención contarles todos los estudios, ecografías, incluso intervención quirúrgica por un quiste, que tuve que pasar ya que todas, absolutamente todas, pasaron por lo mismo.

Lo que sí quiero contar, es lo que me paso a mí “Romina” como mujer, esposa, amiga.

Cuando nos pusimos de novios con mi marido, al saber que la cosa venía en serio, lo primero que me dijo es que el quería tener muchos hijos, como el es hijo único su deseo de formar una familia grande es muy fuerte, el soñaba con esas mesas largas, gritos, ropa tirada, eso que para otros es terrible, para el que en su casa hubo siempre silencio, era hermoso, era su sueño.

Al pasar el tiempo y no lograr resultados, yo me iba deteriorando, no físicamente sino emocionalmente, sentía que como mujer no cumplía la función social exigida “tener hijos”, como amiga no podía compartir el momento mas felíz de la vida de ellas “ser mama” ya que se me partía el corazón,; y como esposa no solo me sentía la peor sino que también la culpable de que mi marido (al que amo con todo mi ser) no pudiera cumplir su sueño de formar una familia numerosa.

Un día después de muchos meses de tristeza y depresión, decido irme de casa, dejarlo solo para que pueda encontrar otra mujer que pueda darle hijos, que pueda cumplirle  su deseo. Mas allá de los detalles, me fue a buscar y me llevo a casa y ese mismo día buscamos ayuda terapéutica.

Empecé un tratamiento con una Psicóloga divina, súper agradable que con el tiempo me ayudó a sobreponerme de mi depresión, y salir adelante pero yo sentía que necesitaba otra cosa, que aunque estuviera capacitada, y que obviamente no tiene que sufrir lo mismo que yo para atenderme, había situaciones, emociones  imposibles de  comprender para alguien que esta afuera.

Hace seis meses en una visita a mi médico donde evaluamos la posibilidad de volver a realizar otra ICSI, al notarme muy mal, muy desesperanzada, me comentó de una paciente suya que había pasado por lo mismo y que hoy tenía un espacio para mujeres que están en nuestra situación de búsqueda, en donde se brinda apoyo emocional.

Llamé, tuve un encuentro, y hoy cada semana que nos juntamos siento que éste es el lugar que yo necesitaba. Charlamos sobre lo que nos pasa, sin censuras ni vergüenzas, sobre nuestras parejas, nuestra sexualidad, los estudios que nos tenemos que realizar; nos vamos contando así ya sabemos que nos espera, nos relajamos, lloramos, nos alegramos si alguna de nosotras tiene éxito, nos apoyamos, nos acompañamos, nos ayudamos.

Sigo esperando que ese bebé llegue, sigo intentándolo, pero con mas fuerza, con mas esperanza, convencida que voy a lograrlo.

Así que simplemente Gracias por hacer que este camino sea mas fácil de transitar, por que todas logremos nuestro deseo, y porque nunca perdamos la esperanza de ser Mamás!!!!!

Romina (37)

 

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