Nos conocimos con mi marido el ultimo año de secundaria, a partir de ese momento no nos separamos más. Comenzamos la Facultad, el Administración de Empresas, y yo Nutrición.

Cada uno vivía con sus padres pero ya al tercer año de carrera nos propusimos empezar a trabajar para poder casarnos al finalizarla; queríamos la fiesta, irnos de luna de miel, comprar algún dpto. chiquito con la ayuda de nuestros viejos, etc.

Así lo hicimos, nos casamos “de blanco”, viaje al Caribe, y con un préstamo familiar compramos nuestro primer departamento. Teníamos todo calculado, la idea era esperar unos  tres años antes de buscar tener hijos, “para vivir la pareja”; y una vez que estuviéramos más asentados económicamente tener a Matías, porque el primero iba a ser varón y se iba a llamar MATIAS, después íbamos a esperar dos o tres años máximo y buscar a la princesita, para ella no teníamos nombre definido, y por último; porque habíamos decidido tener tres hijos le tocaba el turno a Bautista.

…De más está decir que nada de esto ocurrió…, cuando comenzamos a buscar y no quedaba, las excusas eran miles: que el estrés, que el trabajo, que ahora seguro que te vas de vacaciones y encargás, que estas muy obsesionada con el tema, que no hay que pensar….

Paso un año y al charlarlo con mi ginecóloga me recomienda consultar a un especialista en fertilidad, y empezamos con una batería de análisis que algunos son tan difíciles de pronunciar y tan dolorosos que prefiero no recordar. A todo esto, nosotros que no somos una pareja que discute; no porque sea mejor a otras sino porque no es nuestra forma de comunicarnos, comenzamos a pelear, a enojarnos sin ningún motivo, a no salir; y también y muy importante a regir nuestras relaciones íntimas de acuerdo a un calendario hormonal de días fértiles o nó, con el solo objetivo de que sea reproductivo, dejando el placer a un costado; ni hablar de las piruetas o poses realizadas posteriormente para que los espermatozoides lleguen más rápido a el encuentro esperado, lo escribo y me rió de recordarlo…

Otro punto a destacar que se sumo es la presión familiar y social, “el para cuando”, que era como si me clavaran un cuchillo en el alma, las amigas que estaban embarazadas o ya habían tenido, con las cuales hubo un tiempo que no pude ni siquiera verlas porque me dolía no poder compartir su felicidad o simplemente no tener un dialogo en común; yo no podía charlar sobre pañales, leche en polvo, o colitas irritadas.

Y aparecieron ustedes, a través de una conocida, llegue acá, con una angustia tan grande, con una tristeza que me llenaba todo el cuerpo y toda el alma. Con poca esperanza de poder cambiar esto, sintiendo que nadie iba a entender lo que me pasaba.

Fueron momentos difíciles…que con la ayuda de mi marido, y gracias a este espacio en donde pude conocer mujeres hermosas y con tantas ganas de dar amor y tanta fé en poder lograr tener un hijo, que pude SOSTENERME, y pasar estimulaciones e inseminaciones que no daban resultado. Hasta llegar a hoy donde junto a vos Hernán (mi marido) y a estas geniales hermanas/ tías que me regalo la vida espero la llegada de ese hijo/hija tan deseado, tan buscado, tan amado.

Esta vez  no quisimos saber el sexo, tampoco decidimos el nombre, en los meses que quedan seguramente aparecerá el indicado.

Mientras escribo esto recordando todo lo vivido, y miro mi panza crecer solo sé que aprendí mucho, que conocí parejas maravillosas que sufren o sufrieron mucho más que nosotros; y que seguramente éste camino transitado tiene un sentido,… tal vez era necesario recorrerlo para poder ahora si recibir a nuestro hijo con todo el amor que se puede dar.

Por muchos baberos y pañales más.
Por mucha ESPERANZA

GRACIAS!

ANDREA, Diciembre 2010

 

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